Entendemos como competencia cívica el conjunto de comportamientos, actitudes y
conocimientos que las personas aplican en su relación con otros, así como en su actuación
sobre el entorno social y político. En el caso de la ciudadanía democrática, las competencias
además de ser cívicas son éticas porque requieren estar fundadas en un código ético personal,
construido de manera autónoma a partir de los principios y valores de la ciudadanía democrática.
Hemos definido un listado flexible de competencias cívicas y éticas considerando lo deseable
y lo posible. Lo deseable es perfilado por el modelo de ciudadanía activa en una democracia
representativa como la mexicana, del cual se deriva una serie de rasgos que se espera posea
el ciudadano, definidos tanto en el texto constitucional como en los documentos normativos y
declarativos de la Secretaría de Educación Pública y del Instituto Federal Electoral. Por su
parte, lo posible está delimitado por tres elementos: la cultura política mexicana, las condiciones
culturales de los distintos contextos sociopolíticos y económicos del país, los niveles de
desarrollo moral y cognitivo que teóricamente poseen las niñas y los niños de educación básica,
a quienes en primera instancia va dirigida esta propuesta educativa. En ese equilibrio entre lo
deseable y lo posible, inicialmente definimos catorce competencias cívicas y éticas, las cuales
inspiraron un conjunto de actividades en la escuela y en el aula,las competencias cívicas y éticas expresan los fines de la educación para la democracia,por lo que su propósito es orientar la formación de ciudadanas y ciudadanos.
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